Añoranza de tinta y cartoné

Ah de mis libros, los viejos compañeros, los guardianes de mi sueño, los centinelas de mis noches de vigilia. ¿Dónde quedarán ahora descansando vuestros cuarteados lomos?. Quién oirá el susurro del aleteo de miles de páginas abriéndose, el del roce del papel gastado por las caricias de mil manos Páginas humedecidas por el sudor del amante en una noche de pasión, heridas por el hierro del asesino en la estocada que pone fin a una historia, del que la abre y te atrapa con sus líneas negras, como hilo de Ungoliant.

Cuna de Santos y Herejes, de Reyes y Miserables; santificados por quienes os condenaron y, temerosos de vuestro poder, os quemaron. Vuestras páginas me guiaron hasta la cima de la Montaña Mágica, con ellas navegué por los 7 mares, viejo y borracho en pos de tesoros y ballenas. Guardianes del Centeno, códice de conjuros y códigos, bestiarios de la Tierra Media y la Dragonlance, soñé con vuestra Historia Interminable y luchasteis hasta zafaros de todas las listas en las que os quise incluir. Así pues, renunciasteis a todo indulto, esperando al momento en el que os haga salir, a todos juntos, del fondo de algún oscuro almacén.

Entonces, y sólo entonces, dejaré de sentir añoranza por mis libros.